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Sala Augusta 2001

 

MEMORIA DEL CORO EVANGÉLICO DE MENORCA

En sus inicios no se trataba de un grupo consolidado. Lo constituía un número variable de miembros de nuestra Iglesia, que actuaba solamente en actos especiales; más concretamente en ceremonias nupciales.

Se encogía un cántico no conocido por la congregación ni por los contrayentes, procurando que su contenido fuera adecuado para el acto a celebrar.

Se tenían en cuenta dos factores: 1º: Sorprender a los contrayentes, y 2º: Dar testimonio del mensaje de Cristo a las personas invitadas a cualquiera de las bodas.

Fue en el año 1.983 cuando esta costumbre se convirtió en tradición, por lo cual se repitieron las actuaciones en todas las celebraciones nupciales que se fueron produciendo en los siguientes años.

El año 1.987 se consolidó como grupo coral, formado por unas 30 voces.

Las actuaciones fijas se han venido repitiendo en los cultos de Semana Santa y Navidad celebrados en nuestra iglesia, además de actuaciones en el Centro Geriátrico y en la Residencia de Ancianos. También se cantó en la Sala Augusta, participando en tres actos especiales de evangelización que tuvieron lugar en dicho teatro los años 1.997, 1.998 y 2.001.

El repertorio actual del coro consta de treinta y una piezas, que se cantan a cuatro voces.

Tradicionalmente el pueblo “protestante” se ha caracterizado por conceder un lugar muy importante a la alabanza a Dios, mediante la música y los cánticos.

El gran tesoro musical heredado de los primeros reformadores es un patrimonio que, además de que podemos disfrutarlo de forma particular, sirve para transmitir al mundo el mensaje de Jesucristo.

Elevamos nuestras voces para glorificar a Dios y para dar a conocer, a quien quiera escucharnos, que sólo en Jesús hay salvación, que sólo Él es el camino para llegar a Padre, que sólo Él puede darnos la paz espiritual que todos deseamos, que sólo Él murió para darnos vida eterna.

Dice el salmista David: Salmo 30: v. 11 y 12. “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.” Amén.