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Inicio MINISTERIOS ARTICULOS Y ESTUDIOS BIBLICOS - José Requena EL PADRENUESTRO (III)

 

EL PADRENUESTRO

 

Mateo 6:5-15

 

(III)

 

1) "...nuestro

 

La oración cristiana no es de carácter exclusivamente individual. Tiene también una dimensión comunitaria. Por supuesto que el hijo de Dios puede decir con toda propiedad “Padre mío”. ¿Dónde pues encontramos la dimensión comunitaria del Padrenuestro? Justamente la encontramos dentro de esta invocación en el vocablo “nuestro”. Ya que el creyente no ha de olvidar que puede llamar a Dios “Padre” porque ha sido adoptado como hijo suyo en Cristo. Y en Cristo se encuentra con todos los que, como él han sido redimidos para formar el pueblo de Dios. Su vida está ligada a ellos, sus hermanos en la fe. El Dios del “Padrenuestro” es el Dios que nos reúne a todos sus hijos como hermanos y hermanas en la fe. Las necesidades, los goces, y los sufrimientos de mi hermano en Cristo son en cierta medida también los míos propios.

 

 

2) "...que estás en los cielos

 

Los israelitas pensaban que Dios había establecido su morada primeramente en el tabernáculo, y después en el templo de Jerusalén. Es necesario resaltar que la traducción “en los cielos” en el original hebreo es “Los cielos de los cielos”. Con todo la expresión “en los cielos” es hondamente significativa no tanto en el sentido cosmológico, sino teológico. La frase “que estás en los cielos” nos sitúa en dos contextos diferentes:

 

  • El contexto de Dios. La omnipresencia de Dios. (I Reyes 8:27). Su majestad y dominio sobre todas las criaturas. (II Crónicas 20:6). Su fuerza y poder. (II Crónicas 20:6). Su omnisciencia. (Salmo 11:6) Su infinita pureza y santidad. (Isaías 57:15). Todos estos atributos “naturales” o “inmanentes” de Dios nos sitúan en una metáfora muy rica. Nos habla de la inmensidad de Dios del alcance ilimitado de su presencia. No existe ni un solo rincón del universo donde Él no esté (Salmo 139:7-12).

 

  • El contexto nuestro: No hemos de olvidar que la inmanencia de Dios no excluye la trascendencia. También el aspecto de la trascendencia de Dios está reflejado en el lenguaje del Padrenuestro. El Dios al que llamamos “Abba” (Padre) (papá), nos habla de sencillez, e intimidad. El Dios que nos dice que somos peregrinos aquí abajo, y que nuestro verdadero hogar no está aquí sino en los cielos de los cielos. El Dios que está infinitamente cerca de nosotros. Si no nos interesa experimentar la cercanía de Dios aquí en la tierra ¿Por qué estamos interesados en ir al cielo?

 

II.-- PRIMERA PETICIÓN. “SANTIFICADO SEA TU NOMBRE”.

 

Esta primera petición y las otras dos que le siguen llevan en el texto griego un aoristo pasivo en los que se expresa el ruego por la intervención de Dios en la historia para el perfecto domino de la misma. Esta petición es una petición muy importante, tanto es así, que Lutero comienza el capítulo dedicado a comentar esta primera petición con las palabras “Santificado sea tu nombre”.

 

2.1. El nombre de Dios.

 

El griego dice literalmente: “Haz que tu nombre sea santificado”

 

2.1.1. EN LA ANTIGÜEDAD EL NOMBRE IDENTIFICABA A LA

PERSONA.

 

Era costumbre en el pueblo de Israel poner a las personas nombres que indicaran sus cualidades y características y aún cambiarlos por otros para adaptarlos a sus nuevas circunstancias. Por ejemplo: El nombre Jacob significa literalmente: suplantador. Más tarde (Jacob el suplantador) tuvo una experiencia notable en su vida, esa nueva experiencia trajo consigo un cambio que le valió un nuevo nombre. Israel que en hebreo quiere decir “Príncipe de Dios”. (Continuará).

José Requena