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Inicio MINISTERIOS ARTICULOS Y ESTUDIOS BIBLICOS - José Requena EL PADRENUESTRO (IX)

 

EL PADRENUESTRO

 

Mateo 6:5-15

 

(IX)

 

  • La voluntad de Dios no se cumple cuando se trata de una persona que no es hijo de Dios: Esta persona no cumple la voluntad de Dios en infinidad de ocasiones adoptando una actitud rebelde ante Él. Y por si eso fuese poco, hace un uso negativo de su libertad personal erigiéndose a sí mismo en el señor de su vida; por tanto, la persona que no es hijo de Dios, no hace la voluntad de Dios ni quiere hacerla. (Roma nos 8:7); El tal, prefiere vivir apartado de Dios imponiendo su propia voluntad en todas sus decisiones.

 

  • Con todo, surge una pregunta ¿hace la voluntad de Dios aquel que es hijo de Dios?: La respuesta es, que tampoco el creyente que se ha sometido a la soberanía de Dios hace siempre la voluntad del Señor debido a la debilidad de su “carne”. Ésta es la causante de que el hijo de Dios incumpla los preceptos de Dios explícitamente manifestados en su Palabra, por tanto, nos encontramos en un conflicto de voluntades; la divina y la humana; y con demasiada frecuencia es la inclinación humana pecaminosa la que predomina. Como escribió Lutero en su comentario sobre el Padrenuestro: “Esta petición “Hágase su voluntad” y, asimismo, su cumplimiento, duele mucho a la naturaleza humana; pues la “voluntad propia”, es el más profundo y mayor mal en nosotros, y nada apreciamos tanto como esa voluntad”.

 

Ante estos hechos, ¿Podemos pensar que en la pugna de voluntades Dios ha salido derrotado? No y sí, ¿Por qué? Porque la rebeldía humana tiene unos límites y siempre está bajo el control de Dios. Los hombres, después de la caída, pudieron multiplicar su maldad, pero sólo hasta el punto y el momento en que Dios dijo: “¡¡Basta!!”. Y Dios envió el diluvio. También tuvieron límites la perversión de Sodoma, y los pecados de muchos pueblos incluido el pueblo de Israel. (Amós 1:4).

 

 

4.2.1. La voluntad de Dios sí se cumple aunque sea

indirectamente.

 

La soberanía de Dios se manifiesta igualmente en la vida de los individuos sean éstos creyentes o no: pues ésta se hace patente en la historia de los pueblos y naciones. Recordemos a Nabucodonosor en su ensoberbecimiento y en su humillación, (Daniel 4). O a Herodes Agripa en su vanidad apoteósica y en la repugnante enfermedad que fue causa de su muerte, (Hch. 12:20-23). Con todo, Dios, no siempre actúa utilizando modos tan espectaculares; muchas veces Dios demora la ejecución de sus juicios dando oportunidad para el arrepentimiento y la salvación. En cualquier caso, su soberanía se manifestará plenamente en el día de la consumación de su reino y del juicio final, cuando toda rodilla se doblará ante el supremo Señor.

También Dios en el ejercicio de su soberanía infinita dispone el curso de los acontecimientos de tal modo que incluso “la ira del hombre” le reporte alabanza. (Salmo 76:10). El hombre aún en su rebeldía y maldad pueden servir a los propósitos de Dios. Veamos algunos ejemplos: 1) Los caldeos no eran “santos” eran gente cruel e idólatra; sin embargo, Dios los usó como instrumento para disciplinar a Judá. 2) El apóstol Judas Iscariote, libremente entregó a Jesús en manos de sus enemigos, pero mediante su horrible acción se cumplía el propósito eterno de Dios: la muerte de su Hijo para salvación de los pecadores. (Hechos de los Apóstoles 2:24). 3) Las autoridades de Jerusalén desencadenaron una persecución contra la naciente iglesia cristiana; pero su malevolencia dio como resultado la expansión asombrosa del Evangelio. (Hechos de los Apóstoles 8:4) En este sentido de instrumentalidad, los hombres aunque no sean creyentes sí hacen la voluntad de Dios. En resumen, no todo lo que sucede es voluntad de Dios, pero todo contribuye a que finalmente sus propósitos se cumplan.

 

 

4.2.2. ¿Qué es lo ideal?

Lo ideal, sin embargo, no es que se haga la voluntad de Dios a pesar de lo que nosotros deseamos, (esto es lo que generalmente sucede en la tierra). Sino que nosotros queramos lo que Dios quiere, es decir, que nuestra voluntad coincida con la suya. Por eso el Señor nos enseñó a pedir “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. ¿Cómo? Apropiándonos la respuesta de Karl Barth: “Allí (en el cielo) se hace la voluntad de Dios como debe ser hecha, con pleno conocimiento de causa; sin obstáculos ni demoras, con plena libertad, de tal modo que la gracia reina soberana y le responde al reconocimiento por parte de las criaturas”.

 

 

4.3. Actitudes ante la voluntad de Dios.

 

Caben actitudes muy diversas ante la voluntad de Dios. Consideremos las más frecuentes:

 

 

4.3.1. RESISTENCIA INDIGNADA.

 

Es la actitud propia de quien se empeña en mantener su autonomía plena a toda costa. Un ejemplo lo encontramos en la postura del faraón Merneptha, que altivamente preguntaba: “¿Quién es Yahvéh para que yo oiga su voz?”, (Éxodo 5:2). En el fondo es la reacción del hombre que pretende divinizarse a sí mismo. Nietzsche lo expresó de modo drástico: “Si hubiera Dios, ¿cómo iba yo a soportar no ser Dios? Sin llegar al extremo de Nietzsche, muchos rinden homenaje a los ídolos de su época, pero rechazan irritados la idea de que Dios gobierne su vida.

 

Particular virulencia suele tener la rebeldía contra Dios cuando es fruto del resentimiento causado por la desgracia. El comentarista William Barclay menciona la experiencia de Ludwig van Beethoven, frecuentemente irritado por la sordera que le privaba de oír sus propias composiciones. “Se dice que cuando fue hallado muerto, sus puños estaban cerrados, como si tratara de golpear a Dios, y sus labios estaban contraídos como si, amargado y desafiante, quisiera escupir a Dios”. Con todo, no nos engañemos, pues toda forma de hostilidad respecto a Dios redunda en grave daño de quien la mantiene. Así lo demuestran infinidad de ejemplos históricos. (Continuará).

 

José Requena