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Inicio MINISTERIOS ARTICULOS Y ESTUDIOS BIBLICOS - José Requena EL PADRENUESTRO (XIV)

 

EL PADRENUESTRO

 

Mateo 6:5-15

 

(XIV)

 

5.4.4. RENOVACIÓN DE LA SOLIDARIDAD CON NUESTROS

SEMEJANTES.

 

No voy a insistir en lo que dicho sobre el alcance de la petición del pan. Pero si en la necesidad de detenernos para reflexionar antes de pronunciar la palabra “nuestro”; y en esa reflexión me gustaría señalar los siguientes aspectos: 1) En la Escritura la idea del pan aparece unida a la de participación. 2) La verdadera piedad asume el mandamiento divino: “Comparte tu pan, con el hambriento” (Isaías 58:7). 3) De este modo se realiza el propósito del Señor dicho por medio del salmista: “Haz justicia a los agraviados y da pan a los hambrientos” (Salmo 46:7). 4) Que su sabiduría y su gracia nos capaciten para que, de modo acertado y coherente, sepamos pedir, recibir y compartir “el pan nuestro de cada dÍa”.

 

 

VI.-- QUINTA PETICIÓN: “Y PERDONANOS NUESTRAS

DEUDAS. COMO NOSOTROS PERDONAMOS A

NUESTROS DEUDORES”.

 

La súplica que ahora nos ocupa pone al descubierto nuestra miseria moral, esa miseria que nosotros nos empeñamos en ocultar, disimular o incluso justificar. Verdaderamente, lo cierto es que nos cuesta muchísimo decir “¡¡Perdón!!”. El pedir perdón implica humillación para quien lo pide, y nada hay más arduo que descender a ese punto en que el orgullo y el amor propio son heridos. David fue capaz de hacer grandes proezas, pero incapaz de confesar: “He pecado”. Sólo cuando se vio señalado por el dedo acusador del profeta Natán vació su alma y pronunció la más difícil de las palabras: “¡¡Pequé contra Jehová!!” (II Samuel 12:13).

 

Pero no es menos escabroso el camino que nos conduce al ofensor para otorgarle el perdón. Por naturaleza somos dados al resentimiento, el odio y la venganza. El “ojo por ojo y diente por diente”, nos lo apropiamos con una interpretación mezquina sin ningún esfuerzo; con tal de defender nuestros derechos ignoramos totalmente la generosidad. Sin lugar a dudas esta quinta súplica del Padrenuestro pronuncia juicio condenatorio contra nuestros impulsos y formas de comportamiento naturales. De ahí la dificultad para enfrentarnos seriamente con ella y para apropiárnosla con honestidad. Analicemos el contenido de dicha súplica:

 

 

6.1. “…Perdónanos nuestras deudas”.

 

En la versión del evangelista Lucas se lee: “Perdónanos nuestros pecados” (Lucas 11:4).

 

 

6.1.1. LA EQUIVALENCIA DE LOS TÉRMINOS “PECADOS” Y

DEUDAS”.

 

Ambos términos “pecados” y “deudas” son equivalentes. El hecho de que el término “deudas” sea utilizado por el evangelista Mateo se debe, sin duda, a que Mateo se expresa de acuerdo con la terminología aramea de su tiempo. Como indica J.J. Jeremías “ya se sabe que una peculiaridad de la lengua madre de Jesús - el arameo - es emplear para decir pecado la palabra “haba” que propiamente significa deuda dineraria”. El concepto religioso del vocablo “haba” estaba en consonancia con la hamartología judía, según la cual toda transgresión de la ley lleva implícita una deuda ante Dios que debe ser cancelada mediante el aumento de obras meritorias por medio de la expiación; aunque en último término el perdón se debe a la misericordia de Dios. Así se expresa en una de las peticiones del Abinú Malkenú “¡¡Cancela según tu misericordia todas las notas de nuestras deudas!!” Otros textos de los evangelios confirman la equivalencia entre las palabras “pecadores” y “deudores”; (Mateo 18:21-28; Lucas 2:37-39,41; 13:2-24). Con lo que se da especial relieve a uno de los aspectos del pecado; y ese aspecto es que hemos transgredido la totalidad de sus mandamientos. Todo lo que somos y todo lo que tenemos se lo debemos a Dios, a quien tenemos que servir obedientemente en constante actitud de dependencia y entrega. Karl Barh lo expresa de la siguiente manera: “Somos deudores de Dios. No le debemos algo, ni poco ni mucho, sino, pura y simplemente todo; nuestra persona en su totalidad, a nosotros mismos como criaturas suyas que somos, sostenidas y nutridas por su bondad”. El mismo carácter de totalidad debe tener nuestro amor a Dios. (Marcos 12:29-30), y el cumplimiento de sus mandamientos por nuestra parte pues: “cualquiera que guarda toda la ley, pero ofende en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10). Toda sustracción de esa totalidad, origina una “deuda” nos hace culpables de infidelidad. Las parábolas de los talentos (Mateo 25:14-30); y del mayordomo infiel (Lucas 16:1-12) ilustran perfectamente esto. Todos hemos defraudado a Dios, todos hemos utilizado los dones que hemos recibido de Él, más para nuestro propio provecho que para su gloria; todos hemos sucumbido a la fuerza de nuestro egoísmo, lo que nos ha conducido a transgredir la ley divina, no en uno, sino en muchos puntos. Nuestras deudas para con Dios se han multiplicado. Entenderemos mejor la realidad de esta transgresión total si una vez más tenemos en cuenta la forma plural “Perdónanos nuestras deudas”. (Continuará).

 

José Requena