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Inicio MINISTERIOS ARTICULOS Y ESTUDIOS BIBLICOS - José Requena EL PADRENUESTRO (XVII)

 

EL PADRENUESTRO

 

Mateo 6:5-15

 

(XVII)

 

 

6.2.2. TRES FACTORES PODEROSÍSIMOS SE ABREN ANTE NOSOTROS FRENTE A LA

POSIBILIDAD DE VIVIR EN LA ESFERA DEL PERDÓN.

 

  • A) El perdón que Dios nos ha otorgado a nosotros: Nuestra deuda era inmensa, y Él la ha cancelado total y definitivamente. Lo que Dios ha hecho ha de inspirar y determinar nuestras acciones. Esa es la conclusión a la que llega el apóstol San Pablo: “Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como también Dios os perdonó a vosotros en Cristo. Sed pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Efesios 4:32; 5:1). Por mucho que nosotros hayamos de perdonar, será siempre infinitamente mayor la deuda que Dios nos ha perdonado a nosotros. El perdón de Dios debe generar nuestro perdón.

 

  • B) El ejemplo de Cristo: Quien “cuando lo maldecían no respondía con maldición” (I Pedro 2:23), sino que clamaba: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:24). Sus palabras “ejemplo os he dado” (Juan 13:15) tiene aplicación en todos los actos de la vida del Señor Jesús.

 

  • C) La acción del Espíritu Santo en nosotros. Por el Espíritu Santo, “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. (Romanos 5:5). Es el amor que llevó a Cristo a morir por los impíos. (Romanos 5:6), por los pecadores y por los enemigos (Romanos 5:9-10). Si ese amor no se manifiesta en nuestro comportamiento, ¿Podemos asegurar que el Espíritu Santo mora en nosotros? “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él”. (Romanos 8:9). Los perdonados somos llamados a perdonar y podemos responder positivamente al llamamiento. Por nuestra práctica del perdón, el nombre de Dios es santificado, su reino se hace visible y su voluntad se cumple en la tierra con un reflejo del cielo. “Padre… ¡¡perdónanos!!... perdonamos”.

 

 

VII.-- SEXTA PETICIÓN: “Y NO NOS METAS EN TENTACIÓN, MAS LÍBRANOS DEL MAL”.

 

El perdón divino, que hemos solicitado en la petición anterior, no es suficiente para resolver la totalidad del problema espiritual que plantea el pecado. ¿De qué serviría que Dios nos perdonara una, cien o cien mil veces… si de modo inevitable siempre hubiéramos de sucumbir al impulso de nuestras tentaciones pecaminosas? Al perdón de Dios debe unirse su protección a fin de que no seamos víctimas constantes de las fuerzas del mal. A esta necesidad responde esta sexta y última petición.

 


7.1. NO NOS METAS EN TENTACIÓN.

 

El verbo “tentar”, tanto en el Antiguo Testamento (heb.nasah) como en el Nuevo Testamento (gr. peirazö), significa por lo general someter a prueba. Esta acción podía -- y puede -- tener un propósito positivo; cual puede ser: el robustecimiento de la fe y la demostración de su autenticidad.

 

 

  • Ejemplos en el Antiguo Testamento: 1) El caso de Abraham. A quien Dios “tentó” o probó al pedirle el ofrecimiento de su hijo Isaac en sacrificio (Génesis 22). 2) El caso de Israel. Análoga finalidad tuvieron las dificultades a las que Israel fue sometido durante su peregrinación por el desierto (Deuteronomio 8:2). 3) El problema de la convivencia de los pueblos paganos en Palestina. (Jueces 2:22; 3:1). 4) Job. También en el caso de Job fue benéfica la intención divina.

 

  • Ejemplos en el Nuevo Testamento: El mismo sentido positivo tiene la tentación en el Nuevo Testamento, (I Pedro 1:6; 4:12), por lo que la experiencia de la prueba, en el fondo debe ser motivo de gozo, (Santiago 1:2, 3, 12).

 

 

7.1.1 LAS PRUEBAS ENTRAN EN LOS PROPÓSITOS DE DIOS.

El propio Jesucristo “fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado” (Mateo 4:1). Y el mismo camino hemos de seguir los que somos hijos suyos. Pues” no es el discípulo más que su Maestro, ni el siervo mayor que su señor” (Mateo 10:24). Como aseguraba Tertuliano: “nadie que no haya pasado por la tentación puede entrar en el reino de los cielos”.

 

La prueba en la experiencia cristiana no se debe a ningún sentimiento de complacencia por parte de Dios, en relación al sufrimiento de sus hijos. El no humilla ni aflige por gusto a sus hijos. Pero Dios sabe que no hay sucedáneos que permitan prescindir de la prueba para la vigorización espiritual del creyente. El árbol se enraíza tanto más sólidamente cuanto más fuerte es el viento que lo azota. También el apóstol San Pablo era consciente de esa realidad, pues él veía en las tribulaciones, (siempre causa de prueba) un motivo para gloriarse (Romanos 5:3-5; II Corintios 12:9-10). Con más razón que Nietzsche, el hijo de Dios puede decir: “Todo lo que no me destruye me fortalece”, con la particularidad de que ninguna prueba es suficientemente poderosa para destruirlo” (I Corintios 10:13).

 

 

7.1.2 LA PRUEBA SIEMPRE CONLLEVA UN RIESGO, UN POSIBILIDAD DE

FRACASO.

 

Adán no salió airoso e ella. Tampoco Israel en muchas ocasiones. Sería incontable el número de creyentes antes y después de Cristo que han salido derrotados de la tentación. Es obvio pues, que cada vez que somos tentados corremos el peligro de sufrir grave daño moral; de ahí la necesidad de pedir: “No nos metas en tentación”. Pero esta petición entraña una dificultad teológica. (Continuará).

 

José Requena