Get Adobe Flash player
Inicio MINISTERIOS ARTICULOS Y ESTUDIOS BIBLICOS - José Requena EL PADRENUESTRO (XX)

 

EL PADRENUESTRO

 

Mateo 6:5-15

 

(XX)

 

Con todo, no siempre el diablo ataca con la fiereza del león. A veces lo hace como lobo vestido de oveja o como serpiente astuta que sabe adaptarse a todos los terrenos, a todas las situaciones, usando en cada caso la táctica más conveniente. La mente de Satanás sabe combinar magistralmente todos los factores y circunstancias que concurren en la vida de una persona para hacer de ella su presa; un disgusto, un desengaño, una experiencia de gran frustración, una hora de desaliento de soledad o depresión etcétera. Llegado el momento oportuno el diablo susurra en el oído del alma: “Vive tu vida; no seas ingenuo”. Tienes derecho a gozar de la vida con todo lo que te ofrece y te daría si no estuvieses cegado por tus prejuicios morales y religiosos y por tus infundados ideales románticos sobre la justicia, el amor, la lealtad, la conciencia… ¿Quién de nosotros no ha escuchado alguna vez esa voz?, una voz suave, con acentos de lógica, pero no olvidemos que es la voz del “padre de mentira”. (Juan 8:14); de aquel que es “homicida desde el principio” (Juan 8:44). Es muy importante que en esos momentos de vulnerabilidad, sigamos el consejo del Señor: “¡¡Velad y orar para que no caigáis en la tentación!!” (Mateo 26:41). Probablemente Satanás es sabedor de sus límites. En el libro de Job, se nos muestran las limitaciones a que se ve sometido por la soberanía de Dios, pero si no nos puede hundir, hará todo lo posible por anularnos espiritualmente. También Satanás puede optar por otra probabilidad, resignándose a que sigamos siendo creyentes tibios, aletargados, autocomplacientes, o con un espíritu genuinamente farisaico, alejado de toda actitud seria de compromiso al servicio de Cristo.

No obstante no hemos de olvidar que si el diablo es poderoso, Dios nuestro Padre, es omnipotente, Él es Señor soberano en cielos y tierra. Dios ha irrumpido en la historia encarnado en Cristo. Jesucristo vino al mundo “para deshacer las obras del diablo” (I Juan 3:8). Satanás es el “fuerte”, pero Cristo es “el más fuerte” que lo vence y despoja. (Mateo 12:24-29) Algo de esta derrota se vislumbra en la visión descrita por Jesús a sus discípulos: “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo”, (Lucas 10:18). Pero el triunfo de Jesús se consumaba en su muerte y su resurrección. La cruz, que parecía el éxito definitivo de Satanás, fue el arma que hirió gravemente su cabeza, como simbólicamente se anticipó poco después de la caída de Adán. (Génesis 3:15). La gloria de la cruz sería aumentada el domingo de pascua, al levantarse Cristo vencedor de la muerte. La muerte es derrotada al mismo tiempo que es derrotado Satanás, pues ésta es el último gran enemigo (I Co. 15:26), que depende del imperio del diablo, (Hebreos 2:14). De ahí que cuando en el Padrenuestro rogamos “líbranos del Malo”, estamos invocando un beneficio garantizado por la gran victoria de Jesús; por consiguiente nuestra petición debe estar impregnada de confianza. La vieja serpiente, a pesar de haber sido irremisiblemente herida en la cabeza, seguirá azotando con sus coletazos a los hijos de Dios. Con todo, su poder y el tiempo de su acción están delimitados. Se acerca el día en que se cumplirá la promesa apostólica: “El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies”, (Romanos 16:20). Entretanto, habremos de luchar para no ser derrotados por Satanás. Tendremos que “velar y orar” para no caer en tentación. Pero una fe humilde nutrida en las promesas de Dios y enraizada en los triunfos de la cruz y en la resurrección de Cristo, puede vencer al Maligno y sus aliados. (I Juan 2:14b; 5:4). Con esa fe, los creyente al rogar “Líbranos del mal (o del Maligno)” podemos añadir con esperanza y gozo “¡¡Señor tu nos librarás!!”

 

 

VIII.-- LA DOXOLOGIA: “PORQUE TUYO ES EL REINO,

EL PODER Y LA GLORIA, POR TODOS LOS

SIGLOS. AMÉN”.

 

Estas palabras constituyen una confesión de fe con la que la Iglesia ha expresado su confianza en que Dios contestará las peticiones del Padrenuestro.

 

Según la Real Academia de la Lengua Española, el vocablo “Doxología” es: La fórmula de alabanza dirigida a la divinidad, especialmente a la Santísima Trinidad, que aparece en la Biblia. Dichas peticiones suenan como una explosión de júbilo triunfal, ya que en medio y por encima de todos los males, peligros y pruebas está nuestro Padre Celestial, como Señor supremo, todopoderoso, eternamente soberano. Con un Padre eterno así, sin duda, nuestras súplicas tendrán cumplida respuesta. La crítica textual es hoy prácticamente unánime en reconocer que esta conclusión, no aparece en los manuscritos más antiguos y acreditados, ya que no formaba originalmente parte de la oración enseñada por Jesús; sino que fue añadida cuando el uso litúrgico de ésta se introdujo en el culto. Una adición de este tipo estaba en consonancia con la práctica judía de concluir las oraciones con análogas doxologías. Con todo, la inclusión al texto del Padrenuestro se efectuó en una época muy temprana, pues ya aparece en la Didache o enseñanza de los doce apóstoles (VIII.2). (Probablemente a finales del siglo I). Es indudable que muy pronto las comunidades cristianas asumieron la doxología como expresión de alabanza y como testimonio de certidumbre respecto a la respuesta divina.

 

Sus palabras están impregnadas de piedad bíblica, y son como un eco de la admirable oración de alabanza de David: “Tuya es, oh Yahvéh, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor… Tuyo oh Yahvéh, es el reino, y tú eres excelso sobre todos” (I Crónicas 29:11). De ahí que cada una de esas palabras sea una fuente de inspiración para cada creyente y para la Iglesia. En el fondo, la doxología del Padrenuestro es una respuesta de fe relativa a las peticiones hechas: 1) El nombre de Dios será santificado. 2) Vendrá su reino. 3) Será hecha su voluntad en la tierra como en el cielo. 4) No nos faltará el pan nuestro de cada día. 5) Nuestros pecados serán perdonados. 6) En la tentación no seremos vencidos. 7) Seremos librados del mal y del Maligno. 8) Así será porque estamos en las manos de nuestro Padre, y suyos son “el reino, el poder y la gloria”. (Continuará).

 

José Requena