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Inicio MINISTERIOS ARTICULOS Y ESTUDIOS BIBLICOS - José Requena EL PADRENUESTRO (XXI)

 

EL PADRENUESTRO

 

Mateo 6:5-15

 

(XXI)

 

 

8.1. “… Tuyo es el reino

 

 

8.1.1. ¿A QUIEN CORRESPONDE LA AUTORIDAD

SUPREMA DE LOS REINOS DE ESTA TIERRA?

 

La autoridad suprema de los reinos de esta tierra, no corresponde a ninguno de los reyes de este mundo. Corresponde a Dios. La ignorancia de esta verdad ha llevado a algunos hombres a pretensiones absurdas. Esta pretensión la tuvo el antiguo rey de Babilonia, que ensoberbecido había dicho: “Subiré al cielo, por encima de las estrellas de Dios levantaré mi trono… y seré semejante al Altísimo”. (Isaías 14:13ss). Pronto el curso de los acontecimientos pondría de manifiesto su locura y pudo decírsele: “Has sido derribado hasta el Seol, a lo profundo del abismo” (Isaías 14:15). Los sucesivos imperios surgidos a lo largo de la historia parecían indestructibles, pero uno tras otro fueron debilitándose hasta su completo desmoronamiento y extinción. 1) El nazismo: Todavía recordamos la arrogancia con que el nazismo alemán proclamaba el establecimiento del milenio de su régimen. De igual manera recordamos el estrepitoso derrumbamiento del III Reich. 2) Las dictaduras: Hasta los gobiernos dictatoriales más férreos tienen su fin. 3) Las democracias: Y así, afortunadamente lo siguen entendiendo muchos pueblos, y avanza el “reino” de las democracias occidentales. Pero en último término la soberanía pertenece a Dios. Con todo, (y aún viviendo en un mundo globalizado) en último término, la soberanía pertenece a Dios, y que como reconoció Nabucodonosor, “el Altísimo es dueño del reino de los hombres, y a quien quiere lo da”. (Daniel 4:17).

 

Tampoco el príncipe de este mundo disfrutará de un predominio absoluto; pues Satanás será el gran derrotado. Dios le permite aún que prosiga con su actividad maléfica, pero siempre bajo el soberano control de Dios.

 

Como en el caso de Job, Satanás nunca podrá traspasar los límites que Dios le imponga. Solo de modo muy relativo puede aceptarse que son suyos “los reinos de este mundo y la gloria de ellos y a quien quiere los da”, (Mateo 4:8-9).

 

Satanás reina entre los hombres porque estos se someten voluntariamente a las fuerzas del mal en su empeño de “liberarles” de Dios. Pero el “reinado de Satanás” concluirá cuando los reinos de este mundo vengar a ser “de nuestro Señor y de su Cristo” (Apocalipsis 11:15). E incluso ahora su dominio presente no equivale a soberanía absoluta. El único soberano a quien todo y todos están sometidos es nuestro Padre celestial. Él tiene la última palabra porque aún ahora “suyo es el reino”.

 

8.2. “… y el poder

 

La idea del poder siempre ha cautivado a los hombres. De la idea del poder han nacido la soberbia, la ambición, el afán de dominio sobre otros seres humanos, la violencia, la tiranía etcétera. Los males más graves que ha sufrido la humanidad se han debido a las ansias de poder sentidas, por individuos y pueblos. Esta triste realidad sin embargo, no ha producido frutos de humildad. Más bien ha ocurrido lo contrario; y hoy la ficción del “superhombre” predicada por Nietzsche parece haber conquistado el pensamiento y la voluntad del mundo. Se busca por todos los medios todo aquello que pueda proporcionar supremacía, dinero, posición social, encumbramiento político. Las naciones aspiran a ser o seguir siendo grandes potencias pese a todos los riesgos, el hombre de nuestro tiempo sigue obsesionado con la idea de un poder ilimitado; y sueña con la idea de una humanidad poco menos que omnipotente; lo más grave de esta obsesión es que a menudo, esta idea va emparejada con el desafío a la soberanía divina. El espíritu de Babel sigue inspirando gran parte de las empresas humanas. Hoy quizás más que nunca la actitud de la sociedad occidental es parecida a la de los reyes y príncipes que describe el (Salmo 2:1-3), pero como sigue diciendo el (Salmo 2:4-5) “el que mora en los cielos se reirá”.

 

El mayor poder humano está siempre expuesto a su destrucción. Unas veces a causa de la fragilidad humana. Nabucodonosor orgulloso de lo grande de su imperio fue humillado hasta el nivel de las bestias como consecuencia de una enfermedad mental, (Daniel 4). Herodes Agripa cuando podía considerarse en el apogeo de su reinado, inesperadamente sufrió una dolencia repulsiva que lo llevó a la muerte (Hechos de los Apóstoles 12:20-23). Otras veces la potencia humana sucumbe ante fuerzas superiores, particularmente cuando trata de oponerse a Dios. Esta fue la experiencia del faraón Merneptha en los días del éxodo del pueblo de Israel.

 

También los poderes diabólicos están condenados al fracaso como se puso de manifiesto durante el ministerio público de Jesús. El reino de Satanás fue mortalmente herido con la irrupción del reino de Dios en la persona de su Hijo Jesucristo. Cuan débil resulta el poder de los demonios ante la fuerza del Espíritu de Dios puesta en acción por la voz de Cristo, (Mateo 12:24-29). Sólo el poder de Dios permanece supremo e invencible; y al actuar muestra la justicia, la santidad, el juicio y la gracia de Dios. La supremacía del poder de Dios se mantiene desde el principio. Se hizo patente en la creación (Isaías 40:26), en la preservación de la creación, y a lo largo del curso de la historia. Así lo entendió el pueblo de Israel desde que salió de Egipto, (Éxodo 15:6; 32:11); de ello hay confirmación en toda las Sagradas Escrituras. La hegemonía del poder de Dios continuará hasta que se lleve a cabo la consumación de su reino. Otro aspecto del poder de Dios, es que tiene como finalidad la Salvación de los seres humanos, y la liberación de la creación entera del yugo de servidumbre a que fue sometida como consecuencia del pecado, (Ro. 8:19 ss.).

 

El Nuevo Testamento el poder de Dios aparece revelado en Cristo; esa revelación la percibimos en los siguientes aspectos: A) Cristo, es la imagen de Dios por excelencia y en consecuencia, quien “sostiene todas las cosas con la palabra de su poder” (Hebreos 7:25). B) En Cristo se revela la capacidad divina para salvar a los que a Dios se acercan por su mediación, (Hebreos 2:25). C) Esta salvación incluye el oportuno socorro y protección a favor de los redimidos. (Hebreos 2:18; I Pedro 1:5). (Continuará).

 

José Requena